ArticuloSananda XXX – Ayudar para sanar

Por Alicia Sánchez Montalbán para Ananda Sananda

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En el transcurso de nuestro camino juntos, Víctor y yo hemos ayudado a muchas almas en tránsito a volver a la Luz. Al principio, la situación nos resultaba embarazosa, angustiante e incómoda. ¿Por qué tenían que acercarse tantos seres a nuestra realidad, si estábamos vibrando alto y dispuestos a evolucionar con cada paso?

La respuesta llegó de la mano de la experiencia. Cuantas más veces ayudábamos a aquellos seres, más conocimientos adquiríamos acerca de la vida en el Bajo Astral; más se abrían nuestros corazones, para que pudiera fluir la compasión y el amor incondicional.

Descubrimos que el miedo y el rechazo eran las auténticas amenazas a nuestro equilibrio, porque nos convertían en aquello de lo que pretendíamos huir. Nuestra vibración bajaba y la influencia de aquellos seres se intensificaba. Sólo funcionaba el amor.

Con amor fuimos capaces de enfrentarnos a casos muy difíciles, para llegar a comprender algo esencial: que, bajo las apariencias más desagradables, se escondían seres de inmensa luz, almas atrapadas bajo disfraces energéticos que les impedían recordar. La influencia de aquella densidad los mantenía atrapados en una falsa identidad, bajo la que realizaban actos muy alejados de la Luz.

Pero lo peor no era eso. Lo peor era que su densidad se incrementaba cuando algún ser humano los trataba con desprecio o con rencor, cuando intentaba liberarse de ellos o expulsarlos de su realidad, recurriendo a una firmeza cargada de agresión.

1Los seres de luz que nos guiaban en esa labor nos fueron enseñando muchas cosas, entre ellas, que la gran densidad que rodeaba al planeta era nuestra responsabilidad. La responsabilidad todos los humanos que estábamos creando nuestras vidas, o las habíamos creado, desde la desconexión. Era urgente que volviésemos la mirada hacia el alma que habita en cada corazón, para que nos diéramos cuenta de la verdad: que todos somos iguales en esencia y que las almas del bajo astral eran nuestros hermanos. Hermanos sin cuerpo, que habían perdido el rumbo al morir. Nos dijeron que era urgente que la humanidad comprendiera la necesidad de ayudarles a volver a la Luz, porque su presencia en el astral causaba estancamiento evolutivo. En ellos, en nosotros y en la misma Tierra. Cuando un alma no puede regresar a la Luz, la humanidad entera se resiente, porque todos estamos unidos por un lazo invisible, que es la Luz. La Luz de la que todos formamos parte y que nos hermana.

Así nos fueron instruyendo, día a día, en la importantísima labor de acompañar a las almas hacia la Luz, para que lo comunicáramos desde el corazón y pidiésemos ayuda a los demás, a todas las personas que sintieran la llamada en su corazón.

La presencia de almas en tránsito en nuestra realidad pasó de ser un inconveniente a convertirse en un regalo evolutivo que, poco a poco, nos ayudó a sanar nuestro inconsciente: todo aquello que un día escondimos por dolor. Las emociones causadas por experiencias dolorosas, de las que queríamos huir, fueron saliendo a la luz para sanarse y liberarnos de su influencia, por fin. Porque ése es el gran regalo que nos ofrecen los hermanos del Bajo Astral con su presencia: ayudarnos a descubrir la oscuridad que habita en cada uno de nosotros, para que podamos sanar las heridas que causó.

3

Hoy, desde aquí, llamamos a las puertas de tu corazón, para pedirte que los mires con amor, que los trates con respeto, para que pueda sanarse esa parte de ti que un día se quebró y, también, para que tu aportación ayude al cambio de conciencia en la Tierra, desde tu pequeña parcela de la realidad.

 

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