ArticuloSananda VIII – La Cuarta Dimensión

Por Alicia Sánchez Montalbán 

Las dimensiones son espacios energéticos que poseen características muy diferentes. Esas características dependen de la vibración.

La vibración es el grado de movimiento de la energía.

En la primera dimensión se encuentran las cosas y los seres incapaces de moverse por sí mismos.

Cuando se imprime movimiento a un objeto, éste cambia de vibración. Cuando se trata de un ser vivo, la vibración puede variar su aspecto y hasta su olor. Es lo que sucede, por ejemplo, con el agua, que cuando está estancada vibra muy bajo y enseguida empieza a variar de color y textura, hasta llegar a pudrirse. En cambio, el agua del mar o de un río movida por la fuerza de los elementos (aire, frío, calor…) cobra vida, se vuelve inodora y transparente y, además, refresca y revitaliza. Tiene, incluso, la capacidad de otorgar vida.

En la segunda dimensión se encuentran las cosas y los seres que son capaces de moverse por sí mismos y que se caracterizan por la ausencia de emociones o por tener sólo emociones de baja vibración, como el miedo, la rabia, la culpa, la tristeza o el rencor, entre otras.

mateu bosque profundo

Imagen cedida por su autor, David Mateu. www.davidmateu.es

 

La llave que permite ascender desde la primera dimensión a otras superiores es el movimiento. La llave que permite ascender desde la segunda son las emociones de alta vibración (alegría, gozo, entusiasmo, confianza, gratitud, amor…).

En la tercera dimensión nos encontramos con un compendio de las cosas y los seres que habitan en la primera y en la segunda, pero también en dimensiones superiores. En eso estriba la riqueza del planeta que nos acoge, porque nos proporciona experiencias de todo tipo. En él navegamos a través de mares de información y gracias a él, y al cuerpo físico que nos contiene, podemos acceder a dimensiones altas o bajas con el poder de nuestras mentes.

En la tercera dimensión es el pensamiento el que mueve los hilos de la evolución. De ahí la gran oportunidad que se abre a la Ciencia a través de la Física Cuántica: materializamos en nuestra realidad aquello en lo que enfocamos la atención.

Los pensamientos de alta vibración nos transportan a dimensiones elevadas y nos permiten conectar con los seres que habitan allí, y viceversa: los pensamientos que vibran en el miedo y la desconfianza nos conectan directamente con dimensiones y seres de baja vibración.

En el proceso evolutivo que experimentamos en la Tierra podemos avanzar o quedarnos estancados. En este último caso, nuestra energía va cambiando de aspecto y vibración con gran rapidez, se va densificando, hasta llegar a putrefactarse en muchos casos. Es entonces cuando llega la enfermedad física o mental. Caemos en picado hacia la segunda dimensión y nos dejamos invadir por ella.

Vivimos entonces en un planeta de tercera dimensión siguiendo las reglas de la segunda dimensión. La confusión y el caos interior están garantizados. Máxime cuando el planeta se encuentra asimismo inmerso en un proceso evolutivo que lo está transportando hacia dimensiones superiores, impulsado por las fuerzas que rigen el universo. Que lo haga más rápido o más lento depende de nosotros, porque con él formamos un todo que asciende o se estanca en unidad.

De ahí la importancia de la masa crítica: cuantas más personas abran los ojos al mundo espiritual, abandonen el miedo y la desesperanza y aprendan a enfocar la atención en las altas vibraciones más fácil le resultará a la Tierra evolucionar en armonía y con rapidez. Al ritmo que le imprime ahora el universo.

Nos encontramos ahora en un movimiento de elevación global: todos los planetas se están elevando de regreso a la Fuente. ¿Permitiremos que la Tierra quede postergada o avance en desarmonía? Depende de nosotros.

La llave que abre la puerta de la quinta dimensión es la comprensión. Para acceder a ella muchas almas necesitan pasar una temporada en la cuarta dimensión, el lugar al que acuden las almas que no han comprendido en vida su proceso evolutivo. Una especie de purgatorio donde permanecen hasta que lo comprendan, pero sin juicio ni castigo.

Cuentan allí con la ayuda de sus guías espirituales y de otras almas que se encuentran en su misma situación. Es como el hospital metafórico de la película Nosso lar (Nuestro hogar), de Wagner de Assis. Una temporada de descanso para comprender, una preparación previa a la quinta dimensión, a la que no pueden acceder hasta que no comprendan, porque allí las asignaturas serán muy diferentes; las reglas, muy distintas; y la capacidad de creación, mucho mayor. Lo que representará una gran responsabilidad, puesto que esas creaciones podrán influir en gran medida en el resto del universo.

En la quinta dimensión las capacidades psíquicas y cognitivas son amplias y poderosas. Por eso es necesario obtener, para llegar a ella, el pasaporte de la comprensión.

¿Por qué muchas personas hablan de llegar directamente desde la Tierra hasta la quinta dimensión? Porque sería lo ideal: que fuéramos capaces de comprender aquí todo lo que nos sucede, de integrar el bien y el mal sin rencores ni luchas, de abandonar el miedo a volar y a ser nosotros mismos, de abrir el corazón para vibrar por siempre en el amor.

Es la labor que nuestros guías espirituales realizan a diario con nosotros: ayudarnos a cambiar el enfoque, a ser nosotros mismos, a confiar en nuestras capacidades naturales, a usarlas desde el amor. Con su ayuda nos volvemos responsables de nosotros mismos y de nuestras creaciones. Tomamos las riendas de nuestras vidas y comenzamos a crear aquello que, de verdad, anhela el corazón.

Sí, lo ideal sería que lo consiguiéramos en esta dimensión, pero si no es así encontraremos nuestra segunda oportunidad en la estación de paso de la cuarta dimensión, donde también estarán presentes nuestros guías para ayudarnos a integrar y a comprender todo lo que, en su día, no pudimos.

Cuando llegue el momento de la despedida y debas decir adiós a tu cuerpo físico, para evitar que tu alma se quede estancada en el denso espacio que existe entre la tercera y la segunda dimensión, dale la mano a tu guía. Deja que él te lleve hasta la luz. Podrás verla en el momento de morir. Sólo tendrás que mirar arriba y a la derecha. Allí la encontrarás; allí estará tu ángel de la guarda esperándote para llevarte amorosamente hasta el lugar donde por fin logres comprender.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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